lunes, 24 de septiembre de 2012

Tinieblas

-¡¡CORREEEEEEEEEEEEEED!!¡¡SI NOS ALCANZA ESTAMOS PERDIDOS!!- El estremecedor grito retumbó por las calles oscuras y húmedas de la ciudad.

La ciudad era invadida por una bruma negra que lo engullía todo a su paso, mientras que de ella escapaban un grupo de encapuchados ataviados con capas negras que les cubrían todo el cuerpo.

Del interior de la bruma se escucha una macabro voz diciendo -Estáis condenados...-

Uno de ellos, sacó de una bolsa de cuero lo que parecían huevos metalizados, dejándolos caer al suelo. Estos rodaron activando un mecanismo lleno de diminutos engranajes. Cuando se desplegaron parecían arañas automatizadas. Estas empezaron a caminar hacia el interior de dos edificios.
Cuando la bruma pasó los dos artefactos explotaron, con la fuerza suficiente para derrumbar las fachadas de ambos edificios justo al paso de la oscuridad.

De poco sirvió, pues esta, hizo saltar por los aires los escombros...
Viendo que la situación era complicada y con pocas esperanzas de escapar, el mas rezagado del grupo se detiene. -¡¿ESTÁS LOCO?!¡¡TE ATRAPARÁ, SIN DEJARTE ESCAPAR Y YA SABES LO QUE TE PASARÁ!!- Gritaba desesperadamente, lo que parecía la voz de una chica.
-Os daré tiempo...Así que aprovechadlo...- Este agarra de su espalda un báculo tallado de color caoba con un brillante cristal blanco en el cabezal.
-¡¡NO VOY A DEJARTE ATRÁS!!- La chica quería impedir a toda costa que no se quedara atrás, pero sus otros compañeros la agarran. -¡Dos sacrificios son demasiados, vámonos!- Le dice otro de los encapuchados mientras se la lleva a la fuerza.

-Cuídate y lleva una buena vida...- Le dice a la chica con una sonrisa dibujada en su rostro.
Pero acto seguido esa sonrisa cambió una expresión mas seria.
Golpeando el báculo en el suelo, este empezó a susurrarle lo que parecía una lengua antigua. El tallado empezó a iluminarse de un tono blanco azulado.
De repente del suelo se alzó un enorme muro de hielo que sobresalía de los edificios, bloqueando así el avance de la bruma negra.

Pero al poco tiempo, el báculo perdía fuerza y su luz se iba apagando, y el muro empezaba a quebrarse. Cuando estalló uno de los afilados trozos se clavó en el hombre del chico que lo había conjurado, pero no le dio tiempo a reaccionar, ya que las tinieblas se abalanzaron contra el...



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